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viernes, septiembre 23, 2005

La invasión gringa

Ya me acordé por que no posteaba por acá, habían dejado de pasarme cosas irrisorias, absurdas e irreales, propias de personaje de Walt Disney. Parece ser que la alineación planetaria terminó. Hoy, por ejemplo, tuve mi versión personal de la invasión gringa de 1847.

Dice la historia de 1847 que ciertos gringos le dijeron a ciertos mexicanos asentados en Texas "get the hell out of here!", y ante la negativa de los segundos, los primeros nos invadieron. Hoy, en pleno 2005, la historia se repite. Llamadme Don Arturo, y reconocedme por haber resistido heróicamente la embestida de un gringo belicoso.

Eran las 3 de la tarde cuando abordé una unidad del transporte de lujo de Guadalajara. Este servicio cuenta con tele, aire acondicionado y asientos cómodos (es un decir todo lo anterior), y prohibe terminantemente traer pasajeros a pie. Ese no fue problema, rápidamente conseguí un lugar que daba al pasillo central del camión, pero no solamente iba sentado, iba coagulado en el quinto sueño.

En esas andaba cuando, a la altura del centro de la ciudad, un certero rodillazo me saca de mi profundo letargo. Entonces lo vi: alto, caucásico y llegando a los 50 años de edad. Era un gringo a todas luces. Pensé que el rodillazo fue un mero accidente, pero no. La caballería gabacha hacía acto de presencia:

“Get the hell out of here!”


¿Eh? Abrí bien los ojos y traté de descifrar lo que el hombre venido del norte trataba de decirme.


“I have paid for a sit in this bus, get out of here!”


Era obvio que estaba ante un usuario que no había alcanzado lugar en el camión. Ante tan diplomática petición, no pude hacer otra cosa más que negarme. Digo, el señor se veía perfectamente macizo como para aguantar un viajecillo en bus parado. Pero no. Venía la segunda carga de caballería.


“What are you waiting for? I have paid for a sit and I want this!”


Con todo y rodillazo. ¡Háganme el repinche favor! Estaba seguro que en cualquier momento me diría que estaba en un área del camión exclusiva para blancos, que la de negros estaba al fondo. Entonces, cual Juan Escutia posmoderno, me envolví en mi bandera/chamarra y dije en sonoro español “¡ni madres! Yo no tengo la culpa de que haya pagado por un lugar que no podría obtener, mister!”. Tras otras tantas palabras y un par de rodillazos más, un lugar se desocupó en la parte de atrás y un rumiante gringo procedió a sentarse.


¿Cree usted que ahí termina la cosa? No no no. The gringo strikes back. El camión llegó por fin a la escuela, entonces me levanté de mi asiento y me dirigí hacia la puerta de atrás. Fue entonces que nuestro estadounidense personaje, sentado a un lado del pasillo, ¡intenta meterme el pie para tumbarme! ¡Cómo si estuviéramos en una caricatura! Les juro que ya me ganaba la risa. La contuve tan sólo para decir “ay mister...no manches, me insultas”, brinqué su pie, y procedí a seguir mi camino, ante las miradas atónitas y perplejas de los demás pasajeros.


Es así como una vez más nuestra gran nación mexicana, a través de este soldado llamado Don Arturo, derrota al imperialismo yanqui al no cederle ni un centímetro de nuestro terreno, ni siquiera un centímetro de nuestros asientos en nuestros camiones.

2 Comments:

At 12:22 a. m., septiembre 24, 2005, Blogger arboltsef said...

No bush! No bush!

 
At 11:10 p. m., septiembre 27, 2005, Blogger CrAzY gIrL.... said...

No manches... esperaba leer que era broma o algo asi... ...
*Indignación total*...

Mil besos Don Arturo... y recuerde que ya somos HiFriends jajaja :P

 

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